El deseado

No entendía cómo había llegado ni qué hacía allí. Todo le resultaba extraño pero empezó a acostumbrarse porque la gente era amable con él, le sonreían y el sitio era precioso pero tenía unas imágenes en la cabeza que lo atormentaban.
Parecía un sueño pero tenía la impresión de que era real. De alguna manera antes de haber llegado aquí fue testigo de horribles crímenes. Vió como una criatura de apariencia humana degollaba sin necesidad de instrumentos a una víctima tras otra. Se estremeció ante la idea de que no sólo fuera real sino que estuviera relacionado con el motivo que le había traido hasta aquí pero lo descarto por inquietante. No tenía sentido pensar en algo tan desagradable cuando estaba disfrutando de su nueva situación.
Interrumpió su risa y su conversación con los amigos cuando sintió que alguien le miraba. Se dió la vuelta temblando ante la expectación y la certeza de que sabía lo que iba a ver. Palideció y se quedo rígido al ver que aquel que aparecía en sus visiones estaba a unos metros de él hablando con una bellísima mujer y mirándole fijamente. Le invadió un enorme miedo y salió huyendo porque temía que fuera a alcanzarle y hacerlo lo mismo que al resto.
Huyo al sitio más seguro que conocía, su propio cuarto. Acogedor, calido, conocido… allí se sentía bien; comenzaba a relajarse cuando alguien llamó a la puerta. Puso una excusa estúpida para no abrir porque sabía quién estaba al otro lado. Ella le paso una invitación a una fiesta pero él sabía que era una trampa no podía ir, no podía dejar que le atraparan, ya no se sentía seguro, tenía que huir.
Saltó por la ventana para no ser visto y con la ayuda de sus amigos corrió sin dirección concreta para perderse pero él le seguía, sabía que le estaba siguiendo, sabía que él conocía sus movimientos… Estaba agotada y empezaba a encontrarse mal pero no podía pararse porque sino le alcanzaría y sería horrible.
Sin darse cuenta descubrió que en su afan de huir había desarrollado herramientas que le permitían huir más deprisa, escalaba edificios pero nadie podía verle hacerlo;eso también traería consecuencias horribles. Sin embargo cuanto más trataba de alejarse de la gente a la vez que seguía huyendo más agotado se sentía hasta que no pudo más.
Llegó a una playa, tan agradable y silenciosa. Allí podría descansar, allí se sentía seguro de nuevo. Pero no, él le encontraría, él conocía su rastro, ¿qué podía hacer? Explicó la situación a unos niños que había allí jugando y decidieron enterrarlo en la arena. Era peligroso porque podía morir asfixiado pero más peligroso era quedarse donde él pudiera hallarlo así que accedió.
No sabía cuanto tiempo pasaba, realmente no se estaba bien allí abajo. No podía oir, ni ver, cada vez le costaba más respirar y el peso de la arena sobre él se hizo cada vez mayor pero podía aguantar un poco más. Era una persona fuerte y escapar de semejante peligro bien merecía el riesgo. Así que esperó…

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