Archivo para octubre, 2009

Siglo XII

Posted in Uncategorized on 30 octubre 2009 by Sel

De todos sus viajes por el tiempo este era el que mejor había terminado. Por fortuna para ella porque también era el que más se estaba alargando. Al principio no le atraía nada la idea de viajar a esa época pero todo había resultado mejor de lo que esperaba.
Como siempre llegó tarde y empapada a las clases de su maestre. Le encanta ir a nada por la mañana al río, las aguas de su época eran tan diferentes…
Pero esa mañana, a diferencia del resto, el maestre no le regañó y ella se preguntó porqué. Pronto salió de dudas, esa iba a ser su última clase.
No lo entendía, se había adaptado a esas aburridas peroratas sobre temas que ya conocía y ciencias que habían evolucionado más de lo que él sospechaba pero debía integrarse en la época así que se esforzaba por olvidar lo que sabía como correcto y trataba de adaptarse a la época.
“Se ha concertado tu matrimonio”. Bueno, no era tan malo como esperaba. Sabía que para la época ya tenia la edad suficiente e incluso más así que lo daba por hecho. Terminaría desapareciendo de allí como siempre; tal vez incluso antes de que esa boda tuviera lugar porque ella se encargaría de controlar las cosas para alargarla indefinidamente.
Además había vivido experiencias peores en sus misiones que convivir con un viejo con gota que terminaría muriendo pronto y dejándola tranquilamente viuda para volver a la libertad a la que estaba acostumbrada.
“Mañana partes hacia el Norte”. Esto ya no le gustaba, ¿mañana? ¿Norte? La iban a alejar de la que se había convertido en la mejor familia de todas las que había encontrado. Ayla no podía creerselo.
Se había acostumbrado a los intentos del maestre por convertirla en una dama, había conseguido que “su padre” dejara una vez a la semana sus importantes asuntos para leerles una historia a las hermanas antes de dormir, ¿qué sería de la pequeña Rosaura? Realmente adoraba a esa niña que la trataba a medias como su madre a la que apenas recordaba. Ella ni siquiera llegó a conocerla, apareció en esta época cuando la señora ya había desaparecido y nadie hablaba mucho de ella. Parecía que todos la habían olvidado.
¿La olvidarían también a ella? Claro que sí, era ley de vida; después de todo también a ella le habían enseñado que tenía que olvidar a la gente con la que convivía en sus misiones. Esto era como otra misión dentro de su misión, no volvería a verlos ni a saber nada de ellos. El Norte estaba a 800 kilómetros, ya en la frontera francesa.
Como había hecho tantas veces respiró hondo y decidió afrontar lo que venía. Convenció al maestre de que no serviría de nada una clase más y que sería mejor pasar ese último día todos juntos.
Él no podía resistirse a esa sonrisa tan fresca y a esos ojitos ambarinos. Seguro que Rosaura estaría encantada en pasar el día fuera y su padre… Para él era su hija real así que seguro que querría despedirse de ella.
Decidió atesorar unos momentos preciosos por si pudiera necesitarlos, no era lo que le habían enseñado pero después de todo ellos no eran los que recorrían el tiempo integrándose en los más variados contextos para tener que abandonarlos sin aviso cuando se había adaptado a ellos.
Se forzó a sonreir deseando que su ánimo acompañara a esa sonrisa que dibuja a la fuerza y se resigno a un destino tedioso en el mejor de los casos. Qué poco sabía Ayla sobre lo que realmente le esperaba en el Norte, si hubiera preguntado más detalles…

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