Lady Elizabeth

Así la llamaba su padre aunque no tenía nada que ver con la nobleza pero tenía una cara aún más bonita que las muñequitas de porcelana con las que jugaban las princesas.

Sin embargo, de poco le servía tanta hermosura cuando tenía que trabajar tan duramente en el campo para ayudar a sus padres. Se consolaba pensando que prosperaría y que en el futuro podría dedicarse a cosas que realmente le gustaban como leer, escribir y simplemente descansar.

Los años pasaron y no le faltaron pretendientes pese a su escasa dote. Finalmente fue un muchacho sencillo y alegre quien ganó su corazón. La quería muchísimo pero apenas tenía tiempo para ella que ansiaba más atención. Pasaba muchas horas sola encargándose de la casa que, pese a lo pequeña que era, se le hacía enorme cuando trataba de mantenerla limpia, ordenada y acogedora.

Su marido Richard nunca le exigía nada, siempre estaba de buen humor y era paciente con ella. Aún así ella siempre se exigía más y nunca estaba satisfecha. Pensaba que no ocupaba su tiempo todo lo bien que debería pero, a la vez, tampoco se sentía capaz de hacerlo mejor y la frustraba enormemente.

A veces, no podía evitar llorar por esa desesperación estúpida que sentía. No comprendía que era lo que le pasaba y tampoco sabía como solucionarlo. Le daba vergüenza confesar estos pensamientos a alguien que no fuera su Richard pero él no le daba importancia y siempre estaba tan cansado que poco podía hacer por ella.

Así era la vida de Elizabeth cuando yo la conocí. Era de naturaleza algo desconfiada pero pronto congeniamos y en seguida me confeso esa presión en el pecho que la bloqueaba y esa tristeza que no conseguía sacarse. Como no sabía que decirle la mire a los ojos y los vi llenos de determinación y de fuerza, ¿sería ella consciente de esas virtudes también?

Como siempre intento hacer me deje llevar por mi intuición dejando de lado lo que se supone que es mejor, correcto o todo el mundo hace. Le tome la mano y ella se sobresalto porque no estaba acostumbrada a la cercanía física pero no aparto la mano, me miro algo turbada  y yo le sonreí tratando de transmitirle toda la calidez del día primaveral bajo el que nos hallábamos.

Lady Elizabeth comenzó a encontrarse mejor, me sonrió iluminando su cara como siempre sucedía y cerró los ojos echando la cabeza sobre el banco.

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2 comentarios to “Lady Elizabeth”

  1. Por mi trabajo he conocido a muchas Lady Elizabeth… algunas se liberaron de esa presión del pecho cuando sus maridos despaparecieron, otras, pelearon con furia cuando comprendieron que podían hacerlo,otras, desgraciadamente, simplemente, se resignaron… intuyo que esta Elizabeth, va a pelear…vaya que sí.

  2. Una frase que me gusta mucho y que solía utilizar con una amiga es “rendirse no es una opción”. Siempre hay varias alternativas pero ambas compartíamos eliminar esa. Hay que intentarlo, siempre hay que intentarlo;)

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