Danzad malditos, danzad

Una mañana más Marianela salió de su modesto apartamento, siempre le pareció irónico que unos apartamentos tan oscuros, pequeños y humildes estuvieran anexionados al mejor hotel de la ciudad. De todas formas nunca coincidía con los otros, los que entraban por la gran y luminosa puerta del hotel. Ella sólo podía ver la espalda y el patio trasero donde se cruzaba sólo con ojos tristes y caras grises. Suspiró y camino mirando hacia bajo, tan ensimismada en sus propios pensamientos que tropezó con otra transeunte.

Subió la mirada para disculparse y sonrió sin darse cuenta al ver a una linda muchacha. Iba perfecta, tenía el pelo brillante y recién arreglado; llevaba un precioso vestido de gasa verde que combinaba perfectamente con una graciosa flor natural que había utilizado para hacerse un precioso collar. Marianela se sonrojó y se sorprendió cuando esa perfecta dama le sonrió de vuelta antes de seguir su camino.

Era un detalle al que la mayoría de la gente no le hubiera dado importancia pero a ella la lleno de un agradable sentimiento de calidez, se estiro y siguió caminando con una actitud diferente.

No había terminado de cruzar el patio cuando escuchó una orquesta. ¡Qué día tan sorprendente! Se sintió inmediatamente atraída por la música y se dirigió hacía el sonido de las trompetas y los tambores casi corriendo. Tuvo que para porque se vio envuelta en un grupo de gente elegantemente arreglada, apuestos caballeros y encantadoras señoritas la miraban con el ceño fruncido aunque no decían una palabra.

Quería salir de allí, estaba fuera de lugar y se daba cuenta de que molestaba, que nadie la quería allí. Pero cuanto más intentaba salir más roces y golpes daba a los demás. Ya no podía ver a la banda, ni las vallas que limitaban el patio trasero del hotel, no sabía donde estaba la salida ni qué hacer.

Cerró los ojos y respiro profundamente. La música que sonaba la lleno y comenzó a bailar en espiral con esa calidez que le había provocado la primera sonrisa del día. Con los ojos chispeantes de alegría  se hizo un hueco entre las filas de bailarines y comenzó a danzar con ellos. Para su sorpresa, ya nadie se fijaba en ella, nadie destacó que su vestido no era de seda y que sus zapatos estaban gastados, que iba despeinada (como siempre) y que al limpiarse la última lágrima de la mañana se había dejado un rastro del sucio trapo que utilizo.

Sin embargo, no podía danzar con libertad. Tenía un libro en las manos, no podía soltarlo porque de él dependía su futuro (o eso pensaba). Pero el libro era pesado y no le permitía libertad de movimientos. Hizo el amago de depositarlo en el suelo pero había mucha gente que podía pisarlo y ella no podía perderlo de vista.

Incapaz de decidir cogió aún más fuerte su libro con una mano apoyándolo con su cuerpo y con la otra se sujeto la punta del vestido para bailar lo mejor que podía, nunca había sabido renunciar ni priorizar.

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2 comentarios to “Danzad malditos, danzad”

  1. Marianela se parece a alguien que yo conozco…

    Pues tendrá que aprender a hacerlo, digo, a priorizar y renunciar si lo que quiere es seguir danzando libre… Me encanta esa manera que tienes de interpretar las cosas. Y no digo más, que ni no, lo desvelo todo, jeje

    Un beso muy grande y sigue “soñando”
    Rut

  2. ¿Te ha quedado algo por desvelar?:P
    Seguiré soñando que me siguen bullendo personajes dentro deseando contar sus historias;)

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