Galones

Virginia no recordaba porqué llevaba un traje de buzo en mitad de una habitación pero recordaba perfectamente que su padre le había dicho: “no te muevas de aquí hasta que yo llegué” y ella no pensaba desobedecer a su padre.
Cuando superó el asombro por ir vestida de buzo en mitad de un almacén vio gente que entraba y salía cargada de cajas de cartón o madera que colocaban en las estanterías sin pararse a mirarla.
De pronto notó que el suelo se llenaba de agua y los hombres que antes cargaban cajas salieron corriendo sin decirle qué pasaba, pero ella no debía moverse bajo ningún concepto así que espero.
A su izquierda vio un hombre con barba y pelo canososos, ojos negros y con otro traje de buzo pero diferente al de ella. Le recordaba a esos armatostes antiguos que salían en algunas películas y que le recordaban a las novelas de Julio Verne. Al menos no llevaba uno de esos cascos redondos que parecían más de astronauta que de submarinista. Pero lo que más le llamaba la atención es que llevaba galones, su padre le había explicado varias veces a qué categoría correspondía cada uno pero a ella no le interesaba mucho así que no prestaba atención.
Pero sabía que esos galones eran de Capitán, ¿o Coronel? En cualquier caso era algo que empezaba por C pero no recordaba qué.
Era muy tímida y no solía hablar con extraños pero ese hombre parecía que ni la había visto y ella empezaba a ponerse nerviosa porque su padre tardaba en llegar así que se presentó.
“Hola, soy la hija del Comandante Tepes (nunca les decía su nombre porque intuía que sólo les interesaba saber por quién estaba allí). Estoy esperando a mi padre, pero tarda mucho en llegar…”
“La radio…” dijo ese hombre que continuaba sin mirarla pero ahora señalaba cerca del techo un aparato viejo y lleno de polvo en el que ella no se había fijado.
Tampoco había prestado atención al nivel del agua que seguía subiendo, se dio cuenta de que el traje del hombre empezaba a inflarse porque no era totalmente impermeable. Normalmente era una persona muy tranquila pero esta situación empezaba a asustarla, añoraba la calma de estar con alguien conocido y poderoso como su padre que la hiciera sentirse protegida.
“La radio…” seguía repitiendo el hombre mientras señalaba.
Virginia tenía el agua por encima de la cintura y a pesar del traje notaba que estaba helada lo que la hacía tiritar sin remediarlo. Sin entender porqué la hacía trepó la estantería y se acercó a la radio. Había un cable que parecía haberse soltado, lo enchufó y empezó a oír una voz en un idioma extraño que no comprendía. Hubo un golpe repentino que la hizo perder el equilibrio y caer hacía atrás.
Se despertó en el sofá del despacho de su padre que estaba inmerso en sus papeles y ni siquiera se había dado cuenta de que tenía los ojos abiertos. Aunque se alegró enormemente de volver a verle se contuvo (al Teniente no le gustaba las muestras de cariño, le parecían un signo de debilidad). Sentada en el sofá sin quitarse todavía la manta que la mantenía en calor susurró un débil: “¿papá?”.
Su padre la miró sin mostrar ninguna expresión en la cara y volvió al trabajo. Ella volvió a insistir, “papá, ¿no estás orgulloso de mi?” Su padre no levanto la vista esta vez pero sí que respondió: “¿y por qué iba a estarlo?”.
“Me dijiste que no me moviera hasta que llegaras y estuve esperándote aunque los demás se fueron. Menos mal que había allí otro hombre que tampoco se fue, me dijo que fuera a la radio y entonces…”
“¿De qué estás hablando? ¿Es otro de tus cuentos para excusar tu actitud? No sé cómo llegaste a la bodega pero me desobedeciste, estábamos en un barco del siglo XIX que acababan de rescatar, solicitaron mi presencia porque necesitaban una presencia militar en la investigación civil. Te pedí que me esperarás en el embarcadero y no sé cómo apareciste en la bodega poniendo en peligro la investigación al destrozar varias estanterías y una radio única, ¿de qué tengo que estar orgulloso?”
“Pero, papá” grito ella desconcertada “yo no me moví, te esperé como me pediste y trepé porque ese hombre…” “¡Ya he oído bastante!” la interrumpió su padre levantándose, “seguramente leerías en algún sitio la historia de Edward Smith y te pareció divertido gastar una broma, no sé cuándo madurarás”

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: