Si amaneciera…

Llegó a su casa con los primeros rayos del sol. En vez de acostarse y tratar de descansar antes de una nueva jornada se sentó a mirar el cielo y escuchar a los primeros gallos.
No tenía sueño pese a no haber dormido apenas las dos noches anteriores agobiada por pesadillas que sólo conseguía entender a medias.
Sentía dentro de ella emociones que no terminaba de comprender. La reunión había sido larga pero no tan dura como ella esperaba, aunque también era cierto que los jefes de las aldeas habían evitado hablar de forma directa de los temas más espinosos.
Cuando salió de allí con sus compañeros tenía ganas de hablar del tema, de compartir opiniones y de comprender cómo se sentía pero sus compañeros necesitaban relajarse o descansar después de tan dura reunión así que no le dieron mucho pie a ello.
Así que siguió sentada mirando el cielo y escuchando los gallos esperando encontrar el hilo por el que empezar a tirar de la maraña que tenía dentro y deseando que apareciera alguien que la ayudara en esa tarea. Como ansiaba poder hablar con alguien…

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