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Brumas

Posted in Personal, Soñando Valaquia on 18 diciembre 2008 by Sel

Minerva, ajena al torbellino que mareaba la mente de Odeín, se agitaba en medio de su propia tormenta. No encontraba descanso en el sueño que pronto se torno en pesadilla.

A su alrededor sólo veía caras distorsianadas reclamándole ayuda, una solución, una acción; recriminándola por no haber actuado a tiempo, por no haber hecho suficiente, por haberse rendido.

Daba vueltas sobre si misma y avanzaba a tientas intentando huir de esté espectaculo, al principio no decía nada pero luego comenzó a tratar de disculparse pero apenas conseguía que saliera de su garganta un tenue “yo…” que enseguida se extinguía en medio de todos los gritos y reclamos.

Tanto girar comenzó a marearla, todo estaba tan oscuro y había tanto ruido; ella sólo quería descansar, merecía descansar. Había hecho lo que había podido, lo había intentado; ellos eran los que estaban equivocados, esta no era su batalla y no tenía porque luchar por ellos.

No se dió cuenta de que estaba cayendo hasta que no sintió el peso de su cuerpo contra el suelo, ni siquiera sintió el dolor ya que sólo podía pensar en el alivio que suponía que todo dejara de moverse a su alrededor. Las voces comenzaron a hacerse más tenúes y la oscuridad más profunda hasta tal punto que pensaba que se encontraba en medio de un montón de nada pero tampoco le importaba.

De pronto una luz empezó a dibujar manchas rosadas en sus párpados y la curiosidad pudo más que su cansancio, abrió los ojos para ver qué sucedía. No llegó a moverse sólo así que sólo pudo ver el borde de un vestido: suaves ondas doradas que parecían posarse sobre un suelo inexistente. ¿Estaba ondeando el vestido o sólo era su imaginación?

Perezosa comenzó a incorporarse sobre sus codos justo lo suficiente para averiguar qué era lo que acababa de aparecer, por lo pronto ya era un alvio que no hablara porque tenía un tremendo dolor de cabeza del que acaba de darse cuenta. Pero desde esta postura sólo seguía viendo vestido. Que sí, era muy bonito pero no muy interesante; ya empezaba a cansarse de ver ondas moverse para eso mejor volver a tirarse al suelo.

A punto estaba de conquistarla esta idea cuando una voz sobre esas ondas incesantes comenzó a hablar:

– Levántate Minerva.

– Mmmm… ¿por qué?, contestó ella perezosa y aún indecisa ante la idea de qué dirección tomar.

– Te espera tu futuro.

– ¿No puede esperar un ratito más?, respondió con voz somnolienta y sin mucho ánimo de obedecer por el momento.

– Tienes una responsabilidad que no puedes ignorar.

Ahora sí que estaba claro. Lo que le faltaba es que vinieran a meterse en sus sueños a hablarle de responsabilidades. Así que se dispuso a volver a tirarse en ese suelo que ni veía ni notaba cuando la figura bajo las ondas se agazapó lo suficiente como para quedar a su altura.

Y entonces vió algo que la hizo reaccionar por fin. Una sonrisa cálida y radiante, unos ojos con tanta paz y tranquilidad, un cabello tan brillante y sedoso… -¡Tinuviel! Grito levántandose tan deprisa que no se dio ni cuenta de que había cambiado de postura y ya estaba de pie.

– Me dijiste que me ayudarías, me dijiste que no me dejarías sola, aseguraste que todo saldría bien y que no tenía nada que temer. Me mentiste, han estado apunto de matarme y todo para nada. Estoy cansada, estoy harta de esta gente, quiero volver a mi casa. Al momento se sintió avergonzada por haber hablado con tanto atrevimiento a uno de los más grandes ángeles y miro hacía abajo para disimular con su pelo sus alborozada cara.

Lo último que esperaba era lo que iba a seguir.

– Tienes razón pequeña, debería haberte preparado mejor para la prueba que te esperaba pero la superaste y sabía que lo harías. No hay nada que no puedas conseguir, salvaste a nuestro rey legítimo de sus propias pesadillas y ahora debes salvarte a ti misma para terminar la misión.

– ¿Por qué Tinuviel? Estoy agotada. Este no es mi lugar, yo no encajo con esta gente. Todos son seres mágicos y yo que soy la menos dotada soy la que tiene que cargar toda la responsabilidad. ¿Cómo podré vencer a Beryl con una espada y un arco?

– Pero qué ingenua eres y Tinuviel rio alborozada con la supuesta ocurrencia de Minerva ante la indignación y la sorpresa de esta, aunque no dijo nada tampoco hacía falta sólo había que mirarla a la cara para ver cuanto le había molestado la reacción. –Perdóname Mini, sólo es que… Es tan inusitado que aún no hayas descubierto tu naturaleza. Pequeña, ¿cómo crees que entraste en la ilusión que había creado Tani?

Minerva parpadeo, no recordaba haber tenido ninguna dificultad; sólo siguió las orientaciones de Niobe y… Un momento, Niobe se había quedado fuera ¿por qué no entró con ella a ayudarla?

Como si hubiera leido sus pensamientos el ángel añadió, sólo una magia muy poderosa puede cruzar las fronteras de la realidad y la fantasía; eres de las pocas personas capaces de viajar a diferentes mundos. ¿No has observado que las distintas especies que habitan Valaquia no se relacionan entre ellas? ¿Te has fijado que eres la única persona capaz de comunicarte con elfos, ángeles, náyades, caballeros y alquimistas?

– ¿Alquimistas? Yo no me he cruzado con ningún alquimista.

– Te tenía por más observadora muchacha, estás en la cabaña del último alquimista que queda en Valaquia. Odeín es el humano más poderoso y honorable así como el único habitante de este desierto al que has ido a parar.

Entonces tomo conciencia de los últimos acontecimientos. Había echado a correr después de haber leido el libro de la corte y no se había dado cuenta ni de donde ni cómo había ido a parar aquí. Un flash le trajo a la mente la imagen de un hombre con barba y túnica que sostenía un bastón sobre su cabeza. ¿La habría matado? ¿Sería este lugar donde iban los seres que morían en esta extraña tierra?

– Lo siento pequeña pero el tiempo apremia, agregó Tinuviel interrumpiendo sus pensamientos y preguntas. Es hora de que despiertes y te pongas en camino, tus dudas se irán resolviendo poco a poco. No olvides que aunque te sientas sola nunca lo estás y recuerda que mientras lleves el trisquel tendrás mi protección.

Minerva abrió la boca para responder pero tuvo que centrarse en cerrar rápidamente los ojos para no deslumbrarse con el destello que acababa de producir su ángel al desaparecer.

Cuando volvió en sí lo primero que escucho fue el crepitar de la hoguera y lo primero que sintió era el dolor de todos sus músculos quejándose por tanto esfuerzo que venía acompañado por una fuerte migraña. Haciendo un gran esfuerzo por terminar de situarse abrió un poco uno de los ojos y vio inclinado sobre ella el mismo rostro con barba y túnica que recordaba que la había amenazado con un palo.

-Ya era hora dormilona.

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Torbellino

Posted in Personal, Soñando Valaquia on 10 noviembre 2008 by Sel

Odeín se sentó y miró fijamente las llamas de la hoguera. A su espalda escuchaba los angustiosos sueños de la joven que pese al agotamiento parecía no encontrar tranquilidad en el descanso. No en pocas ocasiones sintió el impulso de levantarse y hacer algo, luego reflexionaba y entendía que hay batallas que tiene que librar cada uno. Las tinieblas que la rodeaban debían ser extinguidas desde el interior.

Reflexionar, a veces pensaba que era la única actividad de su vida; estudiar y reflexionar pero en esas reflexiones surgía la idea perturbante de ¿para qué tanto trabajo? ¿De que servía tanto saber sino podía compartirlo, utilizarlo, ni enseñarlo? Despejaba esas sombras repitiéndose hasta que se lo creyó que no había nadie fuera capaz de valorar esos conocimientos lo suficiente como para merecer aprenderlos.

Y ahora aparecía ésta chica y despertaba nuevas debilidades que dormían pacíficamente en su interior. Tenía olvidados tantos sentimientos que su despertar le supuso una revolución. Cuando no había alternativa a la soledad las decisiones eran fáciles sólo dependían de él y de su entorno inmediato que pronto aprendió a conocer. Además, y aunque nunca llegaría a ser un verdadero mago (su “dormido” corazón dio otro vuelco de pesar ante esté pensamiento no por conocido más fácil de aceptar), si era capaz de algunos hechizos y encantamientos. De hecho controlaba la magia mejor que la mayoría de seres dotados naturalmente, después de todo había dedicado su vida a ello.

Había dedicado su vida, ¿cuántos años llevaba aquí? No se quiso doblegar al transcurrir caprichoso del tiempo en ese reino y aún seguía haciendo sus cálculos en base a las reglas que regían en la Tierra. Pronto cumpliría 33 años en base a esas reglas, fácilmente abandonó la tentación de divagar sobre: ¿qué hubiera pasado si…? Si nunca hubiera venido aquí, si hubiera vuelto cuando lo hicieron los otros, si hubiera buscado otro lugar más habitado donde establecerse… No merecía la pena dedicarle su energía, eso era pasado y posibles oportunidades perdidas pero bastante tenía para pensar en el presente.

El presente, lo que parecía más urgente era poner calma en ese torbellino de sentimientos despertados. No podía permitir que lo controlaran, había sido muy eficiente manteniéndolos a raya todos estos años para que un pequeño hecho fortuito cambiara el orden que existía en su universo. ¿Pequeño? Si hubiera sabido en ese momento hasta qué punto cambiaría su vida ese pequeño problema de metro setenta que se agitaba y gemía en su lecho…