Archivo para Divagaciones y reflexiones

Me gustan las mudanzas.

Posted in Uncategorized with tags , , , , on 22 septiembre 2015 by Sel

Supongo que el título sonará extraño a mucha gente pero realmente creo que me gustan las mudanzas y que son una oportunidad.

Mudanza=oportunidad

                      Mudanza=oportunidad

Las mudanzas, tal y como a mi me gustaría que fueran, nos regalan una ocasión de reflexionar y recordar. Cuando no tenemos necesidad de planteárnoslo solemos acumular objetos y eso no siempre nos hace la vida más fácil ni a nosotros más felices pero hay una inercia que nos empuja y ¿para qué luchar contra ella?

Por eso me gustan las mudanzas que te ofrecen la ocasión de cambiar el aire, en cierto modo literalmente porque implican cambio de domicilio pero también porque hay cosas que no tocas, no recuerdas y de repente te enfrentas a ellas con otros ojos y dices ¿por qué no he mirado estas fotos en tanto tiempo? ¿para qué compre este artículo si ya tenía uno guardado?

Lo único que no me gusta de las mudanzas es que no sé qué hacer con las cosas que sé que no quiero. Lo más sencillo es titarlo y, en el mejor de los casos reciclarlo, pero me parece tan cruel como ciertos detalles de Toy Story 4. Que yo no lo necesite no quiere decir que sean inútiles pero no paro de preguntarme cómo darles otra vida. Hay contenedores para ropa, hay libros de 2ª mano, también se compran las películas pero ¿y el resto?

Por ejemplo, ¿qué haces con esos regalos que te hicieron con todo el amor del mundo pero que no te gustaron? Los conservas por esa inercia que te hace ponerlos en algún lugar escondido de la casa en el que los puedas olvidar pero la mudanza te hace repasar cada rincón y si eres sincero no quieres llevar esos objetos a tu nueva casa y realmente no tienes ninguna obligación de hacerlo.

En fin, mudanza y oportunidad y recuerdos y nostalgia y nuevas oportunidades. Todo eso y mucho más me ronda ahora mismo.

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¿Conflictos?

Posted in Uncategorized with tags on 3 noviembre 2010 by Sel

Lucía se afanaba con el ordenador simulando que trabajaba para no llamar la atención. ¿De quién no quería llamar la atención si sus compañeras estaban trabajando en el cuarto contiguo?
Tal vez lo que pretendía era no agitar su conciencia que le recordaba insistentemente que debía estar trabajando y que estaba perdiendo un tiempo valiosísimo para su empresa.
Pero no podía concentrarse y un incipiente dolor de cabeza le recordaba que tenía asuntos pendientes que resolver. ¿Se podría llamar conflictos? ¿Qué la agitaba?
Las expectativas. Realmente nadie había hecho ni dicho nada que le provocará ese malestar pero aún así ella sentía que había defraudado a alguien que no era otra que ella misma.
Nuevamente su perfeccionismo (que jamás reconocería poseer) la llevaba a exigirse cada vez más. Se imaginaba situaciones en las que no era capaz de responder y se atormentaba, suponía pensamientos que le reprochaban su actitud aunque ella tuviera justificación para comportarse así.
Afortunadamente no se quedo en ese primer estadio de ensimismamiento sino que se llenó de valor para confesar estos pensamientos y sentimientos a su confindente que le hizo ver lo mucho que se esforzaba por mejorar y lo mucho que había obtenido.
A veces se enfocaba tanto en lo que no tenía, en lo que no era capaz de hacer que se olvida del complementario.
Así que conservando esos nuevos propósitos para futuras ocasiones, sonrío aunque nadie la veía y continúo trabajando, ya con la mente puesta en la tarea porque sabía que terminaría consiguiendo todo lo que se propusiera si tenía suficiente paciencia y no dejaba que la sombra la dominará.