Archivo para Soñando Valaquia

Descanso.

Posted in Uncategorized with tags on 27 febrero 2013 by Sel

Corrió y corrió hasta que el aire le quemó en los pulmones. Corrió sin importarle tropezar porque las lágrimas no le dejaban ver. Corrió sin rumbo fijo, tratando de escapar de algo que no sabía quién era pero con la fijación de huir lo más lejos posible.
Su destino. Estaba harta de escuchar que era su destino y que era ineludible. ¡No existía el destino! Ella elegía su destino, no había llegado tan lejos para que nadie le dijera qué tenía que hacer.
Para ellos era muy fácil mandarla a una empresa suicida. Ellos no tenían nada que perder. Pero ella, ella… ¿Qué tenía ella que arriesgar? ¿Qué tenía ella que ganar? Más preguntas sin respuesta, más pensamientos incómodos. Sólo quería descansar, eso era todo. Ser normal, sencilla y conformarse con lo que la vida le pusiera por delante.
Era un lastre que había arrastrado más allá de lo que podía recordar. Era un sentimiento que siempre la había acompañado. Por mucho que viajara, por más gente que conociera no terminaba de encajar y tenía algo que hacía que la gente se cansara de ella. Le daba tanto miedo volver a confiar en alguien, mostrarse tal y como era.
Sin darse cuenta, fue aminorando en parte por el cansancio y en parte porque iba estando más absorta en sí misma. Tampoco se dio cuenta de que el cielo dejaba de ser azul y se tornaba violeta. No se fijo en que la vegetación fue desapareciendo hasta hacerse poco más que inexistente. Su cuerpo sí que notaba el esfuerzo de caminar sobre la arena pero ella no le hacía caso a sus músculos, no le hacía caso a nada más que los pensamientos que tenía en la cabeza.
Una parte de ella disfrutaba está reencontrada libertad. Por fin, se sentía completamente libre. Podía ir donde ella quisiera. Realmente había cumplido su parte, le dijeron que le enseñarían el camino de vuelta su hogar si rescataba al príncipe. Y lo había hecho, ¿por qué le pedían más? ¿Por qué le decían que la necesitaban? ¿Por qué la hacían sentirse única sino era cierto?
Ya no disfrutaba tanto de esa libertad, ya no le importaba tanto no depender de nadie. Ya ni siquiera sabía lo que deseaba. Se sintió realmente agotada, completamente extenuada. Ahora que volvía a la realidad se dio cuenta de que apenas podía respirar y que estaba arrastrándose más que andar por la arena. Cada pierna parecía pesar toneladas y su cuerpo se empeñaba en encorvarse y acercarse al suelo. Durante algunos pasos se esforzó, le pareció ver un árbol peculiar a lo lejos con una chimenea y decidió ir hacia allí.
Pero no duro mucho su determinación, se rindió a las necesidades de su magullado cuerpo. Estaba en el límite de sus fuerzas, demasiadas aventuras en tan poco tiempo y demasiados peligros para alguien que sólo quería una vida normal. Se dejo caer pesadamente en la arena, sin importarle el calor que transmitía y se abandono al cansancio. Durante unos minutos permaneció tumbada, mirando el cielo. Ese cielo morado tan peculiar que nunca había visto, de hecho era tan raro que no habría sabido decir si era de día o de noche.
Sintió que alguien se acercaba pero no le dio importancia. Nada le importaba ya. Antes de cerrar los ojos completamente vencida vio un hombre mayor que la miraba desde arriba con el ceño fruncido. El hombre levantó el bastón que llevaba por encima de la cabeza de Minerva disponiéndose a darle el golpe mortal.
Ante su propia extrañeza Mini no sintió miedo ante el inminente final sino alivio porque todo terminará y sólo deseo que lo que viniera después le proporcionará descanso. Así que cerró los ojos y sonrió débilmente ante este giro irónico del destino que por fin le daba lo que tanto ansiaba, descanso.

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Encrucijadas

Posted in Uncategorized with tags on 14 octubre 2008 by Sel

Odeín parpadeo sorprendido a su vez. Jamás había apoyado el uso de la violencia pero a la vez que se había esforzado en aprender todas las ciencias a su alcance no olvido la importancia del cuerpo físico que sostiene el espíritu y, del mismo modo, se preparo para defenderse si fuera necesario.

No era su intención crear ningún daño a la muchacha pero tenía que ponerla a prueba. Sólo sabía de ella que era humana y que había llegado de alguna forma a su guarida. Suficiente información como para interesarse por ella.

Era consciente de la importancia de la primera impresión que diera y quería tener el control de la situación ya que no sabía si podía presentar una amenaza está aparición. De entrada era un elemento disruptor en su rutina diaria y eso ya era motivo de sobra para levantar la guardia.

Ni siquiera había tenido tiempo de plantearse cómo actuar, sólo se dejo llevar por su intuición. Ni siquiera ahora que podía pararse a pensarlo entendía porqué había actuado de esa manera pero el caso es que lo había hecho. No tenía claro que esperaba exactamente pero la reacción de la chiquilla le sorprendió.

Lo más normal hubiera sido reaccionar de alguna forma; defenderse, expresar terror ante la incapacidad de hacerlo o atacar si estaba entre sus posibilidades. Pero la aceptación que había contemplado era algo que no comprendía. ¿Tan poderosa era como para saber aún mejor que él que no llegaría a dar el golpe?

Descarto esta posibilidad que lo inquietaba y siguió pensando, repitiendo en su cabeza lo sucedido para encontrar la respuesta. Le pareció percibir que una parte de la muchacha incluso deseaba que el golpe llegara y esa impresión le emocionó. Definitivamente que una joven humana en una tierra de criaturas mágicas hubiera llegado a su puerta aceptando con dulzura la perspectiva del fin era algo sorprendente.

Un ligero movimiento de la chica que yacía inconsciente a sus pies le hizo reaccionar, comprendió que sus divagaciones podían esperar. Pero se permitió aún un instante para contemplarla de nuevo, sin duda era una linda muchacha pero se mezclaban en ella la determinación y la energía que le había transmitido en un comienzo con la fragilidad y necesidad de protección que parecía emanar ahora.

Comprendió que su supervivencia inmediata dependía de él, no podría aguantar bajo el sol mucho más tiempo pero la perspectiva de tener a alguien a su cargo le asusto en un comienzo. Había pasado tanto tiempo solo que le provocaba aprensión introducir a alguien nuevo en su espacio personal, su refugio; un último vistazo le hizo disipar sus dudas. Dejando el bastón en el suelo cogió a Minerva en sus brazos apretándola sin intención contra su pecho y entro en el que se había convertido en su hogar resignado ante la idea tan atrayente como rechazable de que su vida cambiaría para siempre y que no sabía qué rumbo tomaría ni en qué media dependería de él.